SON TIEMPOS DIFÍCILES, GUIONISTA (¿Cuándo no lo fueron?)

Mi primo segundo...

Son tiempos difíciles, de eso no cabe duda. Son tiempos de reajustes en el entramado industrial de nuestro sector (¿existió alguna vez tal entramado? ¿Y tal sector?). Es el tiempo del trabajo gratis, el tiempo de plantar, el tiempo de apretarse en cinturón, el tiempo de esforzarse, el tiempo de dar el DO de pecho…

Pero da la impresión de que nada ha cambiado realmente. Todo sigue igual. Igual de mal. Para el guionista siempre hubo crisis, cuando no económica, creativa, y cuando no, física: ciáticas, dolores de espalda, incluso callos en las posaderas. La crisis es nuestro estado natural. No deseado, naturalmente, pero natural, a fin de cuentas.

¿El tiempo de trabajar gratis? ¿Y cuándo no lo es? Si lo realmente excepcional de esta profesión es que te paguen, porque recordad: EL PRODUCTOR SIEMPRE LO HARÍA MEJOR QUE TÚ SI TUVIESE TIEMPO DE HACERLO… O eso piensan ellos… En definitiva, para el mundo somos una suerte de secretarios, asistentes a tiempo parcial, embaucadores quejicosos que le ahorran su valioso tiempo al productor.

¿Es el tiempo de plantar? ¿Plantar qué? No se puede plantar lo que no se tiene. Es más, no se puede plantar nada en este desierto de desprecio profesional, en este despreciable trono de cuentista de saldo en el que nos ha sentado la industria española. Aquí no crecería ni Spielberg; siempre habría un productor que sabría más que él, que le gritaría cosas como “¡hazlo más visual!” o “¡Y ahora es cuando la matan las abejas!” cuando en realidad estáis escribiendo una comedia romántica… Bueno, eso de las abejas ya se hizo en My Girl (Howard Zieff, 1991).

El tiempo de apretarse el cinturón, te dicen. De hacerse agujeros con un cuchillo de cocina en un cinturón que ya te da dos vueltas. No importa, la delgadez es creativa, y moderna. En el fondo nos hacen un favor; piensan en nuestra eterna pose de modernidad, de genialidad retorcida, de talentos atormentados. Nos dejamos barba y usamos camisetas viejas de Nirvana y pantalones agujereados… En realidad sólo estamos abatidos, deprimidos, taciturnos y, sobre todo, hambrientos. .. Como decía un ex presentador de televisión que decía su abuela, “sólo se dejan barba los comunistas… Y los etarras”… Los guionistas también. Será que tenemos un poco de todo: somos un poco comunistas, vivimos de nuestros padres, de nuestras mujeres, de nuestros amigos… Por lo que debemos tener una base teórica fuerte y una importante verborrea para mantenerlos en el ajo, convencidos de que deben seguir apostando por nosotros. Está claro que el clásico discurso capitalista llevaría nuestros culos a la calle. También somos un poco terroristas, no hay duda; a todos nos encantaría dinamitar alguna productora o raptar y torturar hasta la muerte a más de uno… Terminamos desahogándonos en nuestras historias, que suelen ser en su mayoría comedias románticas indies donde el perdedor se queda con todo. Pura violencia. Y sobre nuestras barbas: no nos llega para comprar cuchillas (menos mal, a saber qué haríamos con ellas), ni sus complementos (entiéndase por complementos la espuma y el aftershave)… Que mantener un afeitado apurado resulta más caro que el marido de una infanta.

¿Es el tiempo de dar el DO de pecho? Nosotros nos quedamos en el MI menor, que es más triste, pero tiene más personalidad. Además, ¿para qué cantar? O, mejor dicho, ¿para quién? ¿A alguien le interesa? Las productoras sólo leen guiones de sus amigos. Nunca el dicho de “quien tiene un amigo, tiene un tesoro” tuvo más sentido que en el mundo de los guionistas. Pero se refiere a “amigo productor”.

Si eres guionista y no conoces a ningún productor te vas a morir de hambre. Primero te dejarás barba. Tu ropa envejecerá, pero no tan rápido como lo harás tú. Al principio igual ligas, porque la delgadez es moderna, peligrosa, atractiva. Después verás que es todo mentira, las chicas huirán en cuanto perciban tu olor… Aunque el alcohol hace mucho para ahuyentar a los espíritus corporales. Eso si tuvieras dinero para alcohol. Siempre podrás racanear algo de los culillos de los vasos a última hora. Adelgazarás hasta que tendrás que llevar tus pantalones a tu vecina Carmiña, la modista viejuna, a que le hagan el rizo del elástico ajustable en tus vaqueros favoritos para poder seguir poniéndotelos sin tener que usar el cinturón de doble vuelta, ese que tiene ya más agujeros que el brazo de William Burroughs.

Al final morirás de asco pensando que eres un genio y que tu obra será admirada más allá de tu muerte. Tu madre se encargará de romperse los nudillos golpeando las puertas de todos los productores del mundo hasta que el talento de su hijo sea recompensado… Pero tu madre decide regalar tu ordenador a un primo segundo más pequeño que tú, que es tonto del culo, que estudiará empresariales y será un chupatintas (y otras cosas además de tintas), funcionario de hacienda, que lo primero que hará es formatear el disco duro de tu ex ordenador y mandará años y años de tu trabajo a la mierda. Eso sí, tu primo pequeño vivirá como un rey, o como el marido de una infanta, toda su vida, y no malgastará ni un segundo de su miserable existencia pensando en ti; ocupará su tiempo haciéndose pajas viendo porno zoofílico en el que fuese tu ordenador. Gracias mamá.

En fin, dedícate a otra cosa.

 

Acerca de killthecool

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Publicado el 8 diciembre, 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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